¿Quién decidió los colores de los semáforos?

En todo el mundo, los semáforos ayudan a mantener el orden en las calle y avenidas al señalar cuándo es momento de detenerse (rojo), reducir la velocidad (amarillo) o continuar (verde). Si bien el esquema de colores parece bastante obvio ahora, tuvo que haber sido creado e inventado en alguna parte y/o por alguien, ¿cierto? 

 

Si bien algunos de los detalles se han perdido a lo largo de la historia, se sabe que este esquema de colores deriva de un sistema utilizado por la industria ferroviaria desde la década de 1830. En aquel entonces, las compañías ferroviarias desarrollaron un método de iluminación para que los ingenieros de trenes supieran cuándo detenerse o seguir, con diferentes colores iluminados que representaban diferentes acciones. Se cree que eligieron el rojo como color de parada porque el rojo se ha utilizado durante siglos para indicar peligro. Para los otros colores, eligieron el blanco como color para seguir y el verde como color de precaución.

 

La elección de una luz blanca para seguir causó muchos problemas y en 1914 un terrible accidente lo dejó en claro, una lente roja se cayó de su soporte dejando expuesta la luz blanca detrás de ella, provocando que un tren con una señal de “parada” chocara contra otro tren. Por lo tanto, decidieron cambiarlo para que la luz verde significara siga y se eligió una precaución amarilla, principalmente porque el color es muy distinto de los otros dos colores utilizados.

 

Entonces, ¿cómo fue que se llevó este sistema a las calles? En el año de 1865, en Londres, había una creciente preocupación por la cantidad de tráfico causado por caballos que ponían en peligro a los peatones que intentaban cruzar las calles. Fue así como un gerente e ingeniero ferroviario llamado John Peake Knight, que se especializaba en diseñar sistemas de señalización para el ferrocarril británico, se acercó a la Policía Metropolitana con la idea de utilizar un sistema de semáforos/luces para el tráfico. Durante el día, este método de semáforo utilizaba un brazo o brazos que un oficial de policía podía levantar o bajar, diciéndole a los vagones cuándo debían detenerse y por la noche, su sistema usaba los colores rojo y verde para parar y seguir. 

 

 

Su propuesta fue aceptada y, el 10 de diciembre de 1868, el sistema se puso en marcha en un cruce importante de Londres. El sistema funcionó bien durante aproximadamente un mes. Fue entonces cuando una de las líneas de gas que encendían las luces comenzó a tener fugas.

 

Desafortunadamente, el policía que operaba el brazo no se dio cuenta de la fuga y terminó con quemaduras graves cuando explotó la lámpara. Por lo tanto, a pesar de su éxito inicial, el sistema de tráfico de semáforos se abandonó inmediatamente en Inglaterra. 

 

No fue sino hasta 1920, en Detroit, Michigan, donde un policía llamado William L. Potts inventó el semáforo de tres colores y cuatro vías utilizando los tres colores que ahora se utilizan. Por lo tanto, Detroit se convirtió en el primero en usar las luces roja, verde y amarilla para controlar el tráfico vial. Muchos inventores continuaron creando diferentes diseños para las señales de tráfico, algunos adoptaron el esquema de color rojo, amarillo, verde y otros no. Por lo general, se necesitaba que una persona presionara un botón o accionara un interruptor para cambiar la luz. Como era de esperar, esta forma de cambiar las luces que requiere mucha mano de obra resultó costosa y a finales de la década de 1920 se inventaron varias señales automáticas. 

 

Para 1935, la Administración Federal de Carreteras creó el “Manual sobre dispositivos uniformes de control de tráfico”. Este documento finalmente estableció estándares uniformes para todas las señales de tránsito, marcas en el pavimento y el uso de indicadores de luz roja, amarilla y verde.

 

Parece algo muy simple, pero como puedes ver, detrás de cada gran invento humano hubo pruebas y errores que determinaron la construcción de muchos de los sistemas que ahora facilitan nuestra vida. Eso sin mencionar que nunca está de más unos cuantos datos innecesarios para pláticas trascendentes. Lerk, tu aliado en el placer.

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