Mezcal: a besitos y con respeto

Si hace veinte años alguien hubiera elegido un mezcal por encima de un tequila, todos habrían pensado que estaría loco o que sus gustos serían más bien un tanto modestos. Hoy, en un giro inesperado y a partir de una revalorización de nuestro México ancestral, la historia le ha dado el peso que se merece y la gente le ha devuelto el lugar que siempre ocupó: el Papá del tequila, y es que todo tequila es un mezcal pero no todo mezcal es un tequila.

 

Y sí, aunque le pese aceptarlo a los grandes tequileros, a diferencia del tequila que sólo puede elaborarse con agave (o maguey, que es lo mismo) azul, el mezcal se puede hacer a partir de por lo menos ¡30 tipos diferentes de maguey! “Pero el tequila tiene denominación de origen”, dirán ‘los conocedores’. Lo cierto es que el mezcal también. El 25 de julio del año pasado, tras una batalla legal contra Aguascalientes, Morelos, Zacatecas y el Estado de México, el Gobierno de Oaxaca ganó la denominación de origen del mezcal y la LXIV Legislatura del Estado de Oaxaca junto a la Comisión Permanente de Cultura, declararon al mezcal Patrimonio Cultural de Oaxaca. Partiendo de esa premisa, quizás ya va siendo hora de darle a este elixir de los dioses el respeto que se ha ganado.

 

Lo cierto es que los dos son grandes emblemas de nuestro México y, aunque la última de las intenciones es echarlos a pelear, sí hay que utilizar precisamente al tequila como ejemplo de lo que no se debe hacer con el mezcal. Hablando de respeto, hay una cultura de los shots popularizada por los ‘gringos’ y replicada en el resto del mundo que, bien merece la pena tildar de ‘chafa’ e irrespetuosa. Pues llámese tequila o mezcal, utilizar uno de estos preciados destilados de agave como vía fácil y rápida para embrutecerse, es una vil traición a la esencia misma de la bebida.

 

“¡Shot, shot, shot! Así, de trancazo y sin respirar…”,

es algo así como presentarte con alguien en una primera cita, preguntarle su nombre y echartele encima. El mezcal debe beberse como un buen whisky, a besitos y con respeto, sentir los sabores, desmenuzar las notas, su aroma ahumado, disfrutar del ritual de la sal de gusano y la naranja. Porque así como los mejores platillos se cuecen a fuego lento, los grandes placeres de la vida se saborean con amor, de a poquito, para dejarnos con ganas de más. No hay mayor ciencia, se trata de una metáfora misma de la vida. Una historia de amor.

 

Ya lo sabes, nunca es tarde para cambiar, y si de placer se trata ¿qué mejor que una noche de mezcales para comprobarlo? Después de todo, en el placer de dar placer se esconde, el arte de vivir. LERK, tu aliado en el placer.

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error

En el placer de dar placer se esconde el arte de vivir ¡Compártelo!

Follow by Email